Amalia Puga: “Me gusta diseñar para contar historias”

La diseñadora Amalia Puga nos sumerge en la historia de Entre redes, proyecto en el que participan las redeiras de A Guarda, (Galicia) y por el cual ha recibido el galardón de Oro de los Premios Medallas ADI 2020 que otorga la asociación Adi Fad y que recoge las propuestas de los Proyectos Finales de carrera de jóvenes diseñadores. En esta entrevista, Amalia Puga nos invita a conocer el inmenso encanto de la silla Bolina, pieza angular del proyecto.

La diseñadora Amalia Puga, 2021

ENTREVISTA

¿De dónde eres? ¿Qué relación tienes con A Guarda?

Yo nací en Vigo, y enseguida me mudé con mi familia al extranjero. Crecí y estudié en Canadá, Holanda, Madrid, y Barcelona, donde tuve la oportunidad de aprender rodeada de diferentes culturas. A pesar de haberme mudado a una ciudad grande desde una edad muy temprana, siempre me he sentido muy identificada con A Guarda, el pueblo de mis abuelos, por su tradición, cultura y por ser un lugar donde la vida ha estado siempre muy unida al mar.

¿Cómo fue tu infancia? ¿Cómo llegaste a estudiar diseño?

Ya desde pequeña siempre fue muy curiosa, y me encantaba todo lo que fuese crear, idear y trabajar con las manos. Me empecé a interesar mucho por el dibujo, el arte, la escritura…y poco a poco todo esto me llevó a estudiar a las personas más atentamente, y a concienciarme de muchos aspectos culturales y sociales, y esto fue lo que me inspiró a estudiar diseño.

Una vez empecé el Grado en Diseño en la escuela de Elisava en Barcelona, me di cuenta de que lo que más me llamaba era la experimentación con materiales, la combinación de técnicas nuevas con tradicionales, y la sostenibilidad. Así que decidí tomar este camino con mis proyectos. Y mientras, continué formándome por mi cuenta en diseño gráfico e ilustración.

Si tuviese que definir los tipos de productos que diseño, diría que me gusta crear piezas que conmuevan, que pongan en cuestión las convenciones, percepción y comportamiento de las personas. Sobre todo, me gusta diseñar para contar historias.

En la imagen, la silla Bolina, pieza clave del proyecto Entre redes.

¿Cómo surge la idea de Entre redes? ¿Qué buscas aportar con tu trabajo?

El proyecto Entre redes surge en A Guarda, un pueblo pesquero donde, a lo largo de la historia, el trabajo colaborativo entre mujeres ha sido esencial para el crecimiento económico del pueblo. Esto me hizo pensar en la importancia de los lazos sociales entre mujeres y cómo pueden llevar a un mayor empoderamiento femenino. En especial, las “redeiras”, dedicadas a la confección de redes de pesca, son un colectivo que están en riesgo de extinción actualmente por la falta de relevo generacional…para pasar su profesión a las nuevas generaciones, deben innovar y diversificarse a través de su tradición.

Con este proyecto, me cuestiono, ¿cómo puedo como diseñadora colaborar para ayudar a empoderar a un grupo de mujeres que luchan por el futuro de su profesión? ¿Y se pueden combinar la artesanía y el diseño para ayudar a mantener una tradición viva? Mi ilusión con Entre redes es incorporar a las “redeiras” de A Guarda en el proceso de creación de un producto, combinando la individualidad y valor de sus técnicas artesanales pesqueras con las posibilidades que ofrece el diseño y la innovación.

“La idea de diseñar un asiento partió de la silla de madera que llevan empleando las “redeiras” a lo largo de toda la historia, de respaldo amplio y baja estatura”

¿Cómo fue el proceso de diseño de Bolina?

Para introducirme en el mundo de esta artesanía, comencé investigando la evolución de la técnica. Por otro lado, visité a las redeiras de A Guarda, y estuve varias semanas viendo como trabajaban, conociendo mejor su historia y aprendiendo su tradición. La idea de diseñar un asiento partió de la silla de madera que llevan empleando las “redeiras” a lo largo de toda la historia, de respaldo amplio y baja estatura para permitir una mayor comodidad al trabajar con aparejos desde el suelo.

Bolina es un producto fabricado de forma completamente artesanal por las redeiras, aprovechando los restos de material de pesca que vuelven del mar. La estructura está compuesta por varias piezas de acero curvado, forradas por cuerdas de pesca, y unidas entre sí únicamente mediante nudos pesqueros. Esto permite crear una estructura fuerte y resistente, libre de adhesivos, que además refleja la historia de la técnica.

Bolina representa la magia del trabajo manual, de los objetos que esconden una historia, por la individualidad y emoción con las que están hechas. Incorpora a un colectivo de mujeres en riesgo de extinción y les ofrece una oportunidad de innovar a partir de sus conocimientos. Aporta una visión innovadora de las redes, aunque siempre manteniendo la identidad de la tradición.

Amalia Puga junto a las redeiras de A Guarda, Galicia

¿Qué es el diseño para ti? ¿Tienes referentes en tu trabajo?

En el ámbito del diseño industrial, yo creo que continuamente, se está produciendo más y más cosas. Hemos llegado a un punto en el que somos conscientes de que consumimos demasiado, y hay una creciente preocupación por ser más autosuficientes, buscar soluciones a nivel local y artesanal, y aprovechar los recursos existentes y las técnicas tradicionales.

En el proceso de ideación de Bolina, me inspiré en muchos proyectos que buscan darle una segunda vida a un material reciclado. Y de cierta forma, esto es algo que veo muy reflejado en los pueblos marineros, que siempre han tenido recursos limitados, y tienen una costumbre arraigada de aprovechar los materiales que tienen. Esto me ha inspirado a diseñar un producto que no sólo evoque visualmente el concepto de una red, sino que aproveche directamente los restos de cuerdas que les sobran a las “redeiras” de montar los aparejos.

¿Como fue la comunicación y el trabajo con las “redeiras”?

A la hora de desarrollar el producto, uno de los principales retos fue introducirme dentro del grupo de “redeiras” y hacerles visualizar el proyecto que tenía en mente. Acostumbradas a trabajar con aparejos de pesca a una escala menor, la idea de construir un volumen a partir de cuerda y acero les parecía un concepto complicado. Por ello, cada día les fui proponiendo pequeños experimentos con sus materiales, que les iban introduciendo en el proyecto. Y fue muy bonito ver como poco a poco más mujeres se iban interesando por participar, y empleaban sus conocimientos para aportar soluciones.

La diseñadora en proceso de trabajo

¿Sigues trabajando con las “redeiras? ¿Tienes algún proyecto nuevo en mente?

Después de gran esfuerzo, nos llenó de orgullo ver la repercusión que tuvo el proyecto de Entre redes. Hemos podido participar en varias ferias de diseño y sostenibilidad, entre ellas el evento “Crafts Now” en el Disseny Hub de Barcelona, y la feria “Maker Faire” en Nau Bostik.
Recientemente, Bolina recibió la Medalla Adi de Oro, otorgada por la Asociación de Diseño Adi-Fad, y el premio de “Un viaje entre Italia y España”, concurso organizado por la Embajada de Italia, para exponer el producto en la Feria de Milán.

Actualmente sigo colaborando con la Asociación de Redeiras de A Guarda, para dar visibilidad a su artesanía y ofrecerles una oportunidad para seguir creando a partir de su técnica. Ahora mismos estamos diseñando un nuevo producto fabricado a partir de material de pesca, en colaboración con una empresa de iluminación catalana, el cual estará disponible a la venta próximamente. Podéis seguirnos en Instagram a @amaliapuga.design y @redeiras.atalaia para informaros más sobre el proyecto y otras novedades.

La diseñadora en proceso de trabajo
Proceso de creación de Bolina, 2021
Bolina, diseño de Amalia Puga, 2021

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Iris Tonies, el arte como ritual

La artista holandesa me recibe en su casa-taller del Penedés (Cataluña) para sumergirnos en el diseño de sus maravillosas piezas de cerámica.

Iris Tonies con una de las piezas que diseña, los Altares ideales para hogares, especios de yoga…

Un barco, una casa… su propia manera de hacer las cosas

Iris me recoge en la estación de tren de Villafranca del Penedés y, desde allí, emprendemos unos minutos en coche hasta Mas els Igols – Art Lodge & Retreat (Torrelles de Foix) donde tiene su residencia y taller. Iris Tonies y su pareja, Arnout Krediet, compraron hace unos años una antigua masía en el Penedés en la que viven junto a sus hijos.

En el coche nos ponemos al día y conversamos sobre muchos temas, uno detrás de otro. Llegamos a la casa, entramos. Se siente el calor de hogar. La vivienda me deslumbra por su simple pero profundo encanto. En el comedor, una larguísima encimera de madera recuperada y acero sirve de apoyo para dejar mis cosas y tomar un café antes de encender mi grabadora.

Sobre la vivienda, Iris Tonies cuenta que ellos mismos se han encargado de remodelarla. “La casa es parte de cómo lo hacemos”, dice Iris tras darme la bienvenida Arnout y uno de sus hijos que estudia allí. Con la ayuda de amigos, la pareja ha rediseñado el sistema de agua, energía y calefacción… “No es complicado… bueno, para nosotros… es como lo hacemos”. Es su manera de vivir la vida. El espacio tiene pocos muebles, hay bastantes plantas. Una gran lámpara de techo diseñada con el material de las velas de barco y un collar gigante creado por Iris de evidente reminiscencia marina adornan el espacio junto a otras piezas de cerámica autoría de la artista.

La artista en su casa, en la pared uno de los collares que ha diseñado

Y es que la pareja de holandeses viajó por todo el mundo y durante doce años vivió en un barco situado en el Port Vell de Barcelona. De esa parte de su vida, me dice Iris que lo que más le gustó fue que en el barco,”todo era más más práctico e íntimo, todo era compartido, el entrar y salir de amigos”, la vida fluía como las olas del mar.

Pero, hace unos años, el hecho de establecerse en tierra firme los motivó y decidieron continuar un nuevo capítulo en sus vidas en un paisaje y entorno diferente. Así se hicieron con esta antigua masía, rodeada de viñedos, con amables vecinos, donde Iris tiene su taller de arte y donde disponen de un bellísimo alojamiento para recibir a artistas y ofrecer seminarios de coaching.

En la imagen, una de la lámparas diseñadas con velas de barco, Iris Tonies

Materializar los sentimientos en piezas que significan

Antes de dedicarse de lleno a la cerámica, Iris se movió como artista en el mundo de la moda, trabajando con materiales como tejidos, texturas diversas o, incluso, plásticos. “Siempre he buscado el valor emocional de los materiales. Me considero una artista independiente y por consiguiente, hago lo que siento. Desde hace diez años estoy más centrada en la cerámica”, expresa.

De estas piezas y de su deslumbrante belleza son las que vengo a conocer. Al respecto Iris explica: “Crear arte para mí es una forma de ritual. Mi trabajo es muy parecido a un reflejo de dónde me encuentro en ese momento en la vida. Antes eran las experiencias de la vida en el barco, ahora es el empoderamiento femenino….”

Piezas de cerámica,

“La primera pieza en cerámica que diseñé fueron los Altares. Los he diseñado para crear espacios hermosos en casa donde puedes meditar o detenerte un momento y parar de tus rutinas. Son piezas que crean un lugar destacado en los espacios y que se integran a la vida de las personas para hacerlas más fluidas”.

“Los diseños tienen símbolos que no son abstractos, son pequeños corazones, flores, pájaros… son la materialización de sentimientos convertidos en símbolos simples”.

“Siempre necesito espacio para conectar con el trabajo”, añade Iris para explicar, después, que no sólo diseña piezas propias de edición limitada sino que, además, recibe peticiones de clientes particulares. La mayoría de ellos son internacionales.

Tras los Altares continúa toda una serie de piezas de cerámica decoradas por la artista de manera manual, una decoración “muy intensa” como ella define. Son las propias manos de Iris las que moldean cada detalle de cerámica en una ceremonia que transforma, significa y rinde culto a la belleza. “Las piezas de cerámica son una forma de expresar pero también de compartir qué sientes y cómo te sientes”, dice al respecto.

El estudio de la artista

El lenguaje universal de la belleza

Pasamos a su taller. Una luz hermosa y clara entra por sus ventanales. Una colección de chaquetas diseñadas por Iris luce en un rincón. En una amplia mesa de trabajo con caballetes reposan a modo de libro una cantidad de bocetos y dibujos. Iris me los muestra para explicarme y enseñarme que en ellos registra los pasos iniciales y las inspiraciones primarias que dan forma, después, al proceso de creación de las cerámicas. Una libreta con apuntes, una estantería con piezas ya terminadas y otras en proceso, una vitrina con objetos especiales…

En una pared observo más dibujos e imágenes de mujeres con joyas contundentes, recargadas, “ricos en forma y en lenguaje”, dice Iris. “Me gusta pensar en cómo estas reinas, en como María Antonieta pensaba, diseñaba… me gusta usar esto en mi arte”.

“Hace un tiempo me interesé, a modo de inspiración, por el diseño de joyas indias pero después empecé a ver que estos patrones de diseño aparecían en diferentes culturas, en las joyas holandesas… Es el lenguaje universal de la belleza y siento que este es el lenguaje que hablamos, un nivel mucho más profundo del que comprendemos”, expresa para ya despedirnos.

Más info en su web o Intagram

Serie de chaquetas diseñada por Iris Tonies

Iris Tonies, Penedés, 2020
Familia, Iris Tonies
La casa-taller está rodeada de viñedos,

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David Dolcini, dejarse llevar por el fluir de la vida

David Dolcini me concede tiempo para conversar y conocer más de cerca su trabajo, sus diseños y su vida.

David Dolcini, diseñador, 2020

El diseñador italiano enciende la pantalla de su ordenador. Se encuentra en Codogno, su ciudad natal y donde tiene la sede principal de su estudio. David habla un perfecto español. No es para menos, sus dos hijas, Lía y Alida, y su pareja, viven en Valencia; allí también David Dolcini Studio cuenta con una pequeña oficina. “Valencia es mi momento de descompresión donde las ideas van a su sitio. Es una ciudad con mucha historia y que tiene mucho que ofrecer. Yo allí vivo en Cánovas, delante del Palau de la Música”.

Pero es en Codogno donde David se siente más cómodo para trabajar. Ubicada a media hora de Milán, este pueblo es parte fundamental de su historia de vida. Su abuelo tenía allí una fábrica de maderas que, tras la guerra, pasó a producir puertas y ventanas. En la empresa Fratelli Dolcini también trabajó su padre y, aunque actualmente está cerrada, podríamos decir que su relación con ella forjó su sensibilidad por este material y delineó aspectos importantes de su biografía. Procesos, técnicas, herramientas… pasos que acompañaron desde pequeño las aventuras del diseñador.

Lita, Luceplan, 2018

David Dolcini, instinto y ocasión

Digamos que la vida me lleva mucho, sigo el fluir de la vida. He vivido en muchos países por eso hablo varios idiomas. Siempre ha sido un poco por instinto y un poco por captar ocasiones. He vivido en Shanghái, en Inglaterra, en Brasil, en Mozambique”…

“Después de la universidad yo trabajaba para Luceplan. Llegué a la empresa porque la fábrica estaba al lado de la universidad y pensé, ‘voy a presentarme para hacer el Stage Curriculare’ y antes de acabar la carrera ya me habían contratado. Me gustaba. Desarrollaba proyectos de diseñadores como Paolo Rizzato, Alberto Meda… no tenía pensado montarme mi marca. Tenía 24 años en ese momento”.

“Luego mi madre se puso enferma y dejé el trabajo para volver a casa y ayudarla. Y, para estar con ella, tenía que trabajar por la noche, entonces hacía consultorías para fábricas de iluminación y desarrollaba algunos productos. Hasta que un día fui a la feria Light and Building en Frankfurt y me crucé en el metro con una persona que se puso a conversar conmigo, era el año 2006. Cuando esta persona me da su tarjeta, era un directivo de Zumtobel que finalmente me invitaría a trabajar en un estudio del que era socio en Shanghái. Siempre la vida ha sido así conmigo”.

Argo, Porada, 2018

El miedo nunca te lleva a ningún sitio

“Yo creo que hay que ser positivos y propositivos. El miedo nunca te lleva a ningún sitio. Al volver a Italia para navidad, después de casi un año en Shanghái, descubrí que mi madre había empeorado y decidí no volver a China. Ahí fue cuando empecé con proyectos propios. Mi madre falleció al cabo de unos meses y esto me llevó a empezar con mi propio nombre. A través de un amigo y mentor, el diseñador Roberto Palomba, —yo he sido uno de sus primeros estudiantes de la universidad Politecnico di Milano—, él me formó y me ayudó a entrar en el mundo del trabajo del diseño. David Dolcini Studio como tal empezó en 2008”.

Lo que David Dolcini aprendió de Roberto Palomba

“Lo que más me impresionó de Roberto es que todo está conectado. No hay producto solo, no hay comunicación sola. Todos los elementos son parte del mismo proyecto. Un diseñador tiene que moverse en todo ese espacio y tiene que controlar todos los aspectos. No es una cuestión de forma, de técnica, de tecnología, de imagen o sólo de estrategia. Es una cuestión de todas estas cosas. Y Roberto lo sabía bien, sus productos son de éxito porque son productos en equilibrio. Un producto tiene que estar en equilibrio entre todos los componentes que lo forman. Nunca un producto de éxito es porque sólo es bonito o sólo porque es… es muchas cosas más”.

Aria, Porada, 2019

Los objetos como las relaciones humanas

Además de Luceplan, David trabaja para firmas como Porada, Panasonic, Riva 1920, Bellosta, Bric’s, entre otras. ¿Cuál consideras que es tu huella en los productos que diseñas? —Le pregunto a David para continuar escuchándolo— .

“Para mi un producto es un objeto que genera una relación entre la persona y el objeto mismo. La idea es que sea una relación de amor, que tu ames tus cosas por lo que te aportan y que, al mismo tiempo, aprendas de ellas. Pero esto debe ser como las relaciones entre las personas, se debe dar de manera gradual. Tienes que descubrir cosas en el transcurso de esa relación. A través de una imagen muy limpia, un producto tiene que ser muy esencial porque la elegancia pasa a través de muy pocas cosas, de muy pocas señales… no hace falta recargar las cosas”.

“Como decía Achille Castiglioni una idea en un proyecto ya es suficiente, no hace falta añadir más. Pero, para mi, luego un producto te debe devolver en detalles, en soluciones, aspectos que vas descubriendo día tras día y que no te habías dado cuenta al principio. Esto es lo que yo veo, un producto que sea honesto, que no cuente más de lo que es pero, al mismo tiempo, un producto que sea cultura. Porque nuestro trabajo es un trabajo que elegimos y como tal es una responsabilidad, es un trabajo cultural. Lo que hago puede afectar a las personas en el sentido de que, ahora que hablamos tanto de lo sostenible, la cosa más sostenible de todas es la que no se tira, eso es sostenible. Por ello, un producto debe ser en equilibrio. Producir poco es sostenible o no producir”.

“Nosotros no hacemos productos pensados para que sigan una tendencia, no nos sale, va en contra de lo que es. Para diseñar hacemos mucha búsqueda, investigación, prototipación. La cantidad de tiempo que inviertes en ello…. es un trabajo cultural. Esta es nuestra forma de hacer las cosas y se ha convertido en nuestra metodología. Esto es cómo lo hacemos y los valores que hay detrás. Nuestra forma de trabajar es más parecida a una boutique, somos pocos y afines y compartimos visión y trabajamos con el ritmo justo. Las ideas necesitan tiempo para madurar”.

Astra, Porada, 2020

La masificación del diseño

“El problema del diseño, como el de muchas otras disciplinas, es que se ha masificado. Por un lado, el aspecto positivo de la masificación es que ha hecho posible que más gente lo conociera. Un día, hace casi 20 años, me llamó mi madre al móvil y me dijo: ‘David estoy con unas amigas, dime tú qué es tu trabajo porque yo no tengo ni idea’. Ahora mismo hablas con una persona y más o menos tiene claro qué es el diseño. En los 80, 90 o, incluso, en el 2000 no era así. Esto está bien porque el diseño te sitúa en un tema cultural, de lifestyle… Pero, por el otro lado, la masificación ha hecho que también se produjera mucho diseño que no tendría que llamarse así”.

La coherencia en el diseño

“Yo estudié arte antes de la universidad y el arte siempre me fascinó muchísimo. Lo que me atrajo del arte es que cuando lees la biografía de un artista te das cuenta de su obra. Por ejemplo, en Caravaggio es impresionante su relación con la carne, con las grietas de la piel y la luz. Cuando lees su biografía te das cuenta de que Caravagio era una persona ruda, pasaba las tardes en los bares, su pasatiempo era ver las decapitaciones, su relación con la carne era muy directa. Entonces en su arte todo esto sobresale en su realismo. Cuando lees esta biografía conoces la vida de estos artistas y esto te revela la coherencia entre su vida y su obra. En el diseño esto también es evidente, personas que, a través de lo que hacen muestran una coherencia en su diseño”.

David Dolcini Lab, 2020

Pura investigación

“En estos meses de pandemia, como no podía viajar a Valencia y para no pensar en el hecho de no poder ver a mi familia, me encerré a estudiar y empecé a investigar sin ninguna finalidad proyectual y día tras día esta investigación me absorbió por completo. Este es un proyecto mío, personal que se conecta mucho con mi pasado, con la artesanía y la madera. Es un proyecto que ha podido nacer gracias al tiempo… ‘un tiempo necesario’ para que a veces las cosas nazcan de forma natural y espontánea. Ahora estamos pensando en cómo presentarlo porque no es el estudio David Dolcini sino un proyecto paralelo del que pronto comentaré más detalles.”

Enzo Dolcini, padre de David en la fábrica familiar, foto de archivo
Ulisse, Bric’s, 2019
Garbi, Luceplan, 2017

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Alejandra Gandía-Blasco Lloret: “¡La vida es sueño!”

La Subdirectora creativa y de comunicación del Grupo Gandia Blasco y Directora Creativa de Diabla Outdoor ha estado vinculada desde pequeña al diseño y a la creatividad. Ha sido la libertad con la que ha crecido la que le ha permitido configurar su propia historia, su vida y sus obras. A través de las palabras que me concede en esta entrevista viajamos, recorremos sitios, observamos paisajes y nos detenemos en lugares frondosos para jugar, imaginar, reflexionar y crear.

Alejandra Gandía-Blasco Lloret en la casa Gandía Blasco, 2020

ENTREVISTA

-¿Cómo eras de pequeña? ¿Cómo fue tu infancia? ¿Siempre estuvo relacionada con la empresa familiar?

Introvertida, me encantaba dibujar, construir juguetes con palos, piedras, plásticos, maderas, lo que encontrara en el suelo del patio del colegio. Gracias a mi abuela disfrutaba con la naturaleza y los animales, y solía inventar aventuras con mis primos en los pinares de la finca de mis abuelos.

Fue una infancia normal, muy vinculada a mi abuela. Solía jugar al escondite en la fábrica de mi abuelo con primos y amigos, lo recuerdo sentado en su oficina comprobando la calidad de los hilos que en aquel entonces vendía con otra marca de la empresa. A mi padre trabajando en su antigua oficina y diseñando los muebles para el jardín de casa, mientras mi hermano y yo le dibujábamos un retrato, cuando nos aburríamos nos daba un lápiz. GANDIABLASCO comercializó algunos de esos muebles años después. Podría contar más, todos guardamos momentos entrañables.

-Mario Ruiz decía en un video sobre el 70º aniversario del grupo Gandía Blasco que lo más llamativo de Gandía Blasco era la unión que había entre ustedes (entre tu padre, tu hermano y tú)… Te sumaste a la empresa en 2012, ¿qué es lo que más te gusta de trabajar junto a tu padre y tu hermano? Y ¿qué has aprendido de tu padre en estos años?

Sí, el año que colaboramos con Mario Ruiz el equipo de la empresa estaba muy unido, se notaba que todos creían en lo que hacían, la cultura de empresa trascendió los productos y creo que esa pasión se transmitía, formó parte del estilo de vida GANDIABLASCO.

Está bien empezar pensando en lo que más me gusta, jajaja, la confianza para bien y para mal, la complicidad, el cariño, somos bastante distintos pero nos complementamos. De mi padre he aprendido lo que una hija puede aprender a nivel personal, que es mucho. Trabajar con él estos años ha sido una lección de vida, un continuo aprendizaje, no puedes separar lo personal de lo laboral.

La casa Gandía Blasco, 2020

-Trabajando en una empresa familiar, ¿cuál crees que es tu aportación personal? ¿En qué consideras que es más visible tu identidad?

Creo que el dueño de una empresa familiar debe saber a quién pasar el relevo y no dejarse llevar por sentimentalismos, es duro tener esa sangre fría pero al final comprendes que es por el bien de la empresa y de todo el equipo. En mi caso empecé en las áreas más relacionadas con mi formación, diseño y comunicación, y con los años fui asumiendo más responsabilidad. Mi aportación personal está siempre muy ligada al esfuerzo de todo el equipo.

El alma de la marca GANDIABLASCO es mi padre, él le dio la personalidad que tiene, basada en su estilo de vida mediterránea y sus inquietudes culturales. Lo conozco bastante bien. En ese sentido aporto mi punto de vista dando continuidad a la identidad de la marca en diálogo con mi padre. Siento más visible mi identidad en tareas con cierta libertad creativa, por ejemplo cuando diseño, selecciono colores, composiciones para fotos de imagen, tratando con diseñadores, y en la dirección creativa de Diabla, la nueva marca del grupo.

Plisy, diseño de Alejandra Gandía-Blasco Lloret para Diaba outdoor, 2020

-¿Cómo hay que ser, qué aptitudes se debe tener para dirigir una empresa?

No lo sé, no la dirijo. Según lo aprendido estos años se requiere de muchas cualidades, sobre todo humanas ya que diriges a personas, las aptitudes profesionales son obvias.

-Diabla surgió por su espíritu nómada, un mobiliario fresco, informal, ¿Qué nos puedes contar acerca de este perfil de cliente?… Recuerdo una edición de Swab Barcelona, explicaron que existía un nuevo perfil de comprador de arte, una persona joven de unos 30 años viajero, creativo, abierto al mundo… ¿Para ti en el mobiliario de diseño sucede algo similar?

El perfil de cliente puede ser cualquiera que le inspire la marca con un nivel adquisitivo medio, pero también hay demanda para proyectos contract (hoteles,cafeterías, oficinas…) conceptualmente frescas e informales. Según hemos estado analizando estos años, la marca resulta inspiracional a personas de cualquier edad, sobre todo a mujeres y a las generaciones Z e Y, aunque el perfil del comprador que adquiere nuestros productos de momento está más en la horquilla de los 30-65 años.

Suelen ser personas cultas e inquietas, que disfrutan del diseño, el arte, cine, teatro, la música, de cualquier producto o manifestación cultural, y cuya vida no está tan vinculada al hecho de poseer una casa, pueden vivir de alquiler en espacios pequeños, son más nómadas, no tan preocupados por el hogar sino por vivir puertas afuera. Si creo que sucede lo mismo con el comprador de arte de unos 30 años, creo que son exigentes, buscan ideas, conceptos materializados en piezas exclusivas, ya sea arte, diseño o cualquier otro tipo de consumo cultural.

Colección Valentina, Diabla Outdoor, 2020

-¿Qué mensaje le darías a los diseñadores jóvenes que quieren hacerse un lugar en el sector?

Que nunca pierdan la curiosidad y traten de ser auténticos y realistas, cualquier proceso creativo requiere de un aprendizaje interdisciplinar, descubrir las cosas como si fuera la primera vez, siempre con actitud de aprendizaje, con tenacidad, para cultivar su capacidad crítica y no perderse uno mismo.

-Parte de tu historia tiene que ver con tu historia paterna, la de tu abuelo y tu padre… Quería saber si podía preguntarte por tu madre… lo que quieras contar sobre ella, ¿qué parte de ella tienes en tu propia historia personal?

Claro, mi madre no está vinculada a la empresa, nunca lo ha estado, es una persona que admiro mucho, por hablar de algún tema relacionado con los comentados, de ella he aprendido bastante sobre moda por ejemplo, le apasiona y su sensibilidad por el color y la armonía de las proporciones.

-Estudiaste Historia del Arte, eres fotógrafa, artista… En tu primera exposición en Valencia (2018) hablabas de la necesidad de “registrar”… Además del registro del color plasmado en las fotografías, ¿qué importancia tiene el registro en tu vida? ¿Qué otros momentos de tu vida tienes guardados en tu memoria?

Sí, no sé si soy artista pero estuve experimentando con el color a través de la fotografía de paisaje y surgió una línea de trabajo experimental que me llena mucho, la considero muy personal, en ello estoy durante el tiempo libre. Aborrecía pintar bodegones de botellas Fairy en las clases de pintura de la facultad, y descubrí que prefería mezclar colores en la paleta antes que pintar el lienzo. En la paleta los colores están vivos, el matiz cambia en continuo movimiento, con la pincelada más sutil. Los principios físicos de la luz natural desde Newton describen que es la suma de todos los colores, bases que estudiamos en Primero de Pintura.

A través de la fotografía y años de experimentación, desde que me compré la primera cámara a los 14 años, hasta que hice un curso especializado sobre el Color en la Universidad Saint Martins de Londres, y cursé fotografía en la Facultad de Bellas Artes de Valencia, descubrí esta línea de trabajo. En este caso con el móvil registro la luz de cualquier lugar según unas condiciones climatológicas concretas, latitudes exactas y momentos del día que no vuelven a suceder, ya que la luz permuta continuamente. Para mi son un registro abstracto de los mejores momentos de mi vida.

El color de la primera luz, Alejandra Gandía-Blasco Lloret, 2020

-¿Te gustaría compartir otros aspectos de tu vida? Además de que tienes dos conejos hermoso y cariñosos, ¿estás en pareja? ¿Qué otras cosas te gusta hacer en tu vida?

No busco pareja. Los animales me encantan sobre todo en libertad, Hipo y Bolita viven en cautividad pero felices en una terraza bastante amplia. Ufff, desconecto mucho con el deporte y con mis amigos, caminando por calles desconocidas y en plena naturaleza, el mar, viajar… me apasionan los lugares fríos de clima temperamental. También me encanta visitar exposiciones de arte, el cine lo disfruto mucho, pasear por librerías y ojear las novedades de los libros de crítica sobre sociología, diseño, arte, arquitectura, filosofía… paso un buen rato leyendo prólogos y decidiendo con cuál me quedo, prefiero ir sola por no martirizar a mi acompañante.

¿Cómo te imaginas de aquí a unos años? ¿A dónde te gustaría llegar?

¡Uf! me encantaría saberlo, aunque quizás no. Tengo ambiciones, pero no las antepongo al hecho de ser feliz con lo que consiga, sin pretensiones.

¿Cuál es tu sueño?

¡La vida es sueño!

Parte de sus exposiciones, Alejandra Gandía-Blasco Lloret
Fotografías de viajes, Alejandra Gandía-Blasco Lloret, 2020
Personas, paisajes, Alejandra Gandía-Blasco Lloret
Paisajes, animales, fotografías de Alejandra Gandía-Blasco Lloret

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